Tolerancia y Multiculturalismo.

 

  1. La tolerancia en la moral natural

 

 La definición más común de tolerancia que se remite a los clásicos es la de “dejar hacer el mal que no se puede evitar”.

La tolerancia es virtud, en cuanto supone el hábito adquirido con la repetición de actos, que tiende a evitar el mal mayor.

La tolerancia está directamente relacionada con lo que tradicionalmente se ha llamado el voluntario indirecto o voluntario in causa.

Se llama voluntario indirecto, aquel acto del que se puede deducir dos efectos, uno bueno y otro malo. El voluntario indirecto es lícito moralmente cuando sopesando las probabilidades de que ocurra el efecto positivo, se arriesga uno voluntariamente, a que se produzca el negativo.

Las condiciones de la licitud son que, lo que se quiera directamente, sea el efecto bueno y el efecto malo se tolere, como un riesgo calculado.

Un ejemplo sería el riesgo que se afronta en toda operación quirúrgica. El riesgo que afrontan ciertos profesionales como policías, bomberos, enfermeros en época de  epidemia, etc. etc.

Puede considerarse el voluntario indirecto en términos de “mal menor” y se puede formular diciendo : “de dos males inevitables, escoge el menor”.

Ante un dolor de muelas hay que elegir entre el dolor que puede incapacitar o la somnolencia que produce el analgésico. Solemos preferir el segundo.

 

  1. La tolerancia a partir de la Ilustración

 

A partir del siglo XVIII se entiende por tolerancia, aquella actitud moral respeta las opiniones y costumbres distintas de las establecidas en el país. Así se es tolerante con los extranjeros, con las personas de otra religión, con los ateos.

La diferencia de este concepto de tolerancia es que prescinde  de la bondad o maldad, si lo que se va a tolerar o permitir y de la necesidad de permitirlo o no.

Puede haber en tal concepto de tolerancia , y la hay a menudo, una base de indiferencia y relativismo que en su grado extremo puede resumirse en la expresión: “todo vale”. Todos tenemos derecho a pensar, expresar y practicar, lo que nos venga en gana y tenemos el deber de tolerarlo.

La tolerancia se convierte no en la permisión de un mal inevitable, sino en la actitud de respeto a cualquier alternativa de pensamiento y de vida.

Puede formularse también en términos del liberalismo: “el derecho a hacer y a respetar todo aquello que no moleste a los demás”.

 

  1. La tolerancia, hoy.

 

En el mundo global , lo que esta globalizado es el derecho de todo ser humano a hacer todo aquello que no moleste a los demás”

     Los problemas de las migraciones, de las identidades culturales lingüísticas y religiosas, de las tradiciones históricas, de las diferentes concepciones de la moral, de la política y en resumen de lo que está bien y de lo que está mal. Lleva a un concepto de tolerancia que desarrolla hasta el límite, o mejor, sin límites el concepto de tolerancia que hemos visto nación con la Ilustración.

     En estas cuestiones, hay que distinguir entre lo esencial y lo accidental. Es esencial todo lo que afecte a la moral natural y a los derechos humanos. La raza, la religión, la lengua y la cultura , no pueden ser consideradas en ningún caso como cuestiones a tolerar sino como derechos de las personas.

     Puede sin embargo entablarse un conflicto entre la moral natural y los derechos humanos: por ejemplo cuestiones como el aborto, la eutanasia, la clonación, la guerra, la moral sexual etc. En estos casos hay que tener muy en cuenta la obligación moral de tratar de evitar los males mayores, de conseguir por todos los medios que se cumpla la ley moral. Si no se consigue de hecho a pesar de nuestro esfuerzo, habrá que “tolerar” esas situaciones.

     En último término ante conflictos entre grupos enfrentados en estas cuestiones se ha dado una norma elemental: la conservación en todo caso del orden público. Se trata pues de evitar males mayores que los que se trata de evitar.

 

 

 

 

Armando Segura Naya

Catedrático de la Universidad de Granada